El agua, quizas por su escasez, era uno
de los elementos más deseados en la antigüa
Al-Andalus. Las civilizaciones romanas y árabes explotaron
lo bondades del agua tanto con fines económicos como
lúdicos, de aquí surguieron las termas
para unos y los baños árabes
para otros.
Estos lugares tenían multiples utiidades,
podían estar relacionadas con la salud e higiene
y llegaron a convertirse en un punto de encuentro de la
alta sociedad. Los Balnearios ocupaban,
dentro de ciudades cómo Córdoba o Granada,
lugares privilegiados, y no existía palacio que se
preciara que no contara con uno.